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San Valentín y el regalo que nadie envuelve: elegir amor sobre miedo

San Valentín suele hablarnos de amor hacia otros. Casi nunca del amor que se expresa en silencio: el que se refleja en cómo te preparas para el futuro. En finanzas, ese amor tiene una forma clara: elegir amor sobre miedo.

Cuando vivía sola en Nueva York, en mis veintes, tenía miedo. No miedo dramático ni romántico. Miedo práctico. Sostenerme sola. Estar a la altura. No equivocarme sin red. La ciudad no explica nada: exige. Y yo todavía estaba aprendiendo a exigirme con criterio.

Mucho antes de eso, había aprendido algo jugando golf. Empecé de niña, entrené durante años y llegué a competir a nivel nacional. En el golf —como en los Juegos Olímpicos que estamos viendo estos días— nadie gana por inspiración momentánea. Se gana por repetición. Por practicar cuando no hay público. Por hacer lo básico bien, una y otra vez, hasta que el cuerpo responde sin pensar.

En Nueva York volví a ese mismo principio. Enfocar. Escribir. Estudiar. Priorizar. No como un gran plan, sino como práctica constante. Igual que en el golf: no todos los swings son perfectos, pero la repetición crea consistencia. Y la consistencia crea confianza.

Ahí entendí algo que sigo viendo hoy:
las decisiones que realmente sostienen una vida no nacen del miedo, nacen del amor a uno mismo y de la disciplina de repetir lo correcto.
De cuidar lo que haces hoy para no ponerte obstáculos innecesarios mañana. De alinear tus decisiones con la vida que quieres vivir, incluso cuando nadie está mirando.

La salud financiera no es acumular ni vivir en alerta permanente. Es encarar lo que viene con preparación, no con ansiedad. Los obstáculos no se evitan; se atraviesan. Y la diferencia entre estrés y calma suele estar en cuán entrenada estás cuando llega el momento.

Hoy acompaño a muchas mujeres —especialmente entre los 40 y 60— que no buscan promesas ni fórmulas nuevas. Buscan paz. Buscan saber que, pase lo que pase, están paradas sobre algo sólido.

Este San Valentín, más allá de flores o gestos efímeros, quizá el regalo más honesto sea ese: invertir en ti. No por miedo al futuro, sino por amor a la vida que aún quieres construir.

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